Casinos: trasgredir y cambiar las reglas

En la historia, jugadores tristemente célebres han dejado su sello en los casinos de todo el mundo. Sus movimientos inteligentes y calculados han alentado la creación de best-sellers, películas importantes, nuevas normativas de los casinos para hacerse con las tácticas y empleados que consultan las comisiones del juego y de los casinos, la mayoría de los cuales eran los mismos jugadores creativos. Estos pensadores notables han cambiado para siempre cómo operan los casinos y cómo controlan los juegos y a los jugadores.
Los dilemas de las tragaperras
El primer transgresor es un hombre que barrió un enorme bote de Keno de 100.000 $ en un casino de Atlantic City. El problema de esta persona fue que los agentes sospecharon porque no dio saltos de alegría ni mostró la eufórica emoción de un ganador. No tenía ninguna identificación y simplemente solicitó su premio en efectivo. La ley requería la identificación de cualquier ganador que se hiciera con 35.000 $ o más. Los agentes del casino pidieron la ayuda de la policía, y cuando entraron a la habitación de hotel de este hombre, le vieron a él y a otra persona, que más tarde se descubrió era un técnico informático del Juego de Nevada. El técnico tenía un alijo de notas y libros y equipamiento informático para batir al generador de números del casino. Había entrado legalmente al generador de números de keno porque era su trabajo, y después copió el código. Luego informó a su compañero de los números ganadores antes de que las partidas se jugaran.
Otro hombre fabricó dispositivos sencillos que hacían que las tragaperras pagaran. Este tipo era un gran pensador. Comenzó cuando las tragaperras eran sencillas y diseñó una pieza de metal para activar el premio. Luego, los casinos implementaron las tragaperras con números al azar, por lo que él se dirigía a los casinos de la vieja escuela y al final fue atrapado. Pasar un tiempo en la cárcel no le detuvo en lo más mínimo. Sus siguientes herramientas de engaño fueron el Deslizador y la Garra del mono. Estas herramientas activaban el mecanismo de la máquina para pagar. Cuando los casinos evolucionaron a máquinas generadas por ordenador, este genio clásico de las tragaperras visitó a un fabricante para estudiar las entrañas del ordenador. La varita de la luz fue su siguiente herramienta para hacer trampas, que pronto vendió por 10.000 $ cada una a otros jugadores deshonestos. La varita de la luz era una cámara y una luz que engañaba al sensor del ordenador para pagar una y otra vez. Pasó más tiempo en la cárcel, ya que fue arrestado dos veces más. Ahora ofrece sus servicios a tramposos frustrados en los casinos.
El tercer jugador escandaloso fabricó sus propias monedas de tragaperras usando cobre, níquel, cinc y herramientas láser para replicar monedas. Su operación incluía una prensa en Italia que pesaba 150 toneladas. Las monedas eran tan buenas que incluso los expertos no podían distinguir entre las monedas auténticas y las falsas. Podría haber estafado de 100.000 $ a 500.000 $, pero nadie lo sabrá nunca con certeza ya que las autoridades no pudieron identificar y acusar sus acciones. Todo lo que llegaron a saber es que ganó una increíble cantidad de monedas. Pudo alcanzar un acuerdo de colaboración explicando su operación con detalle a las fuerzas de la ley.
Estafadores en las mesas de blackjack
George, David, Thor y “Belly telly” son nombres de ordenadores fabricados por un hombre que los diseñó con el único fin de ganar al Blackjack. No era capaz de contar las cartas, por lo que centró su atención en los ordenadores. George era un poco abultado con sus 15 libras de peso (7 kg), por lo creó a David y este consiguió 40.000 $ para su creador para empezar. David era tan efectivo que esta persona vendió muchos Davids por 10.000 $ cada uno a otros jugadores. La venta venía con una sesión de formación extra sobre cómo utilizar David. Aunque David fue descubierto por las autoridades, este hombre nunca fue acusado porque la ley no tenía ni idea de cómo funcionaba David. Thor vino más tarde. Thor podía determinar el orden de las cartas si se barajaban perfectamente. “Belly telly” era una videocámara lo suficientemente pequeña como para grabar desde la hebilla de un cinturón. Grababa la carta bocabajo del crupier y enviaba la imagen a un cómplice exterior en el aparcamiento. El cómplice informaba al jugador de qué carta debía jugar después. Todas las ayudas electrónicas fueron ilegalizadas a mediados de los años 80, pero este estafador seguía ganando. Con el tiempo se convirtió en un famoso apostador por el Salón de la fama del blackjack.
El siguiente estafador en el blackjack era una belleza. Era pequeña, con la forma y el tamaño perfecto como para atraer a incontables admiradores. Tuvo una racha de victorias que le proporcionó decenas de miles de dólares. La belleza tenía un sistema, no obstante, era su aspecto lo que hacía que todo el mundo bajara la guardia. Su método era introducir "enfriadores" en la baraja. Los “enfriadores” son cartas que vienen de la mano del tramposo con el fin de batir a la casa. Debido a que era una mujer nadie sospechaba de ella. Pero la racha de todo el mundo acaba en algún punto, y la suya la interrumpieron abruptamente agentes del juego y el FBI.
La mayor estafa de todas en el blackjack
La siguiente proeza es un grupo de jugadores que luego fue retratado en una película de gran éxito. El grupo, integrado por estudiantes universitarios cercanos a las matemáticas, se hizo con más de 5 millones de dólares durante su carrera. Aunque la mayoría de los tramposos trabajan solos, estos estudiantes dieron a la palabra "equipo" la categoría de ciencia. No solo estudiaron a fondo el conteo de cartas, sino que llevaron sus conocimientos a la calle solo para ver si sus métodos funcionaban. Hicieron campaña con folletos para atraer a los miembros más brillantes anunciando su búsqueda, y pruebas de matemáticas para filtrar a los nuevos miembros. Un encuentro con la ley convenció a los miembros fundadores de dejar el equipo, aunque su método de ganar se mantuvo vivo hasta que los casinos cogieron el truco.
El padrino del conteo de cartas, que escribió dos libros sobre el tema y poseía un máster en física y un doctorado en matemáticas, estaba convencido de que podía batir al juego del blackjack. También era catedrático, y su reino del conteo le condujo a utilizar el ordenador de la escuela, que en ese momento ocupaba toda una habitación. Tras investigar su teoría del conteo de cartas, descubrió que las cartas bajas favorecían a la casa, y las cartas altas beneficiaban a los jugadores. Como ventaja, calculó que tenía entre un 1 y un 5 por ciento de ventaja sobre la casa. Se dice que en un fin de semana ganó 70.000 $. Comenzó a ganar tanto que los agentes comenzaron a sospechar, pero no podían probar sus sospechas porque el hombre no daba signos de que estuviera contando. Finalmente se le indicó la salida de los casinos. Su libro sobre el conteo de cartas, publicado a principios de los años 60 es muy célebre. También se le incluyó en el Salón de la fama del blackjack.
La inclinación de la ruleta
España puede presumir de un genio de la ruleta. Es el creador original de la teoría de la parcialidad de la rueda de la ruleta. Esta persona creía que las ruletas no giraban al azar de ningún modo porque estaban inclinadas muy ligeramente, haciéndolas imperfectas. Si una ruleta no estaba centrada, significaba que ciertos números saldrían más frecuentemente que otros. Para probar esta teoría, estudió miles de tiradas en los casinos de España y guardó sus hallazgos en un ordenador para analizar los resultados. Tenía la ayuda de sus hijos para el experimento. Todas las investigaciones se realizaron antes de apostar. Cuando llegó la hora de colocar sus apuestas, sabía que su ventaja era un 10 por ciento mayor que la de la casa. Esta persona era muy intuitiva y dejaba los casinos y percibía que estaba cerca de ser atrapado. Con el tiempo se retiró con 1,5 millones de dólares después de que su cara fuera reconocible por los casinos de todo el mundo. Un casino español intentó denunciarle, pero el tribunal le dio la razón argumentando que no hacía nada malo.




